Debajo de mis
pies, el río. A la izquierda campo y a la derecha algún que otro huerto. Un poco
más allá, antiguas fábricas de curtidos restan en desuso. Delante de mí, se
pasea: la madre con el hijo, el ciclista embutido en mallas fosforitas, las
señoras con chándal de “supuestamente ir a correr”, los enamorados, los perros
y sus dueños… vamos que la primavera no deja indiferente a nadie; también las
hormigas están por la labor y los mosquitos en reunión. Entre mis manos “No
tienen prisa las palabras”.

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