viernes, 27 de marzo de 2015

Verkala

Llegamos a Verkala y nos toca coger un tuk-tuk para ir a la zona de los hostales en la línea de playa; hace un calor considerable.
Dejamos las maletas en el primer sitio donde preguntamos por alojamiento cargar con ellas quién sabe cuántas horas antes de dar con el lugar adecuado es simplemente una locura y así se evidencia al cabo de tres horas de andar arriba y abajo, estamos agotados, tenemos hambre, sed y hartos de que nos digan que no se puede encontrar nada barato porque aquí todo es "Ayurveda hotel" y parece ser que por eso debes dejarte la pasta por dormir y comer, pero como somos buenos habladores y conversamos hasta con las piedras, al final encontramos el lugar idóneo para nosotros.
Hemos conseguido dos habitaciones en el techo de una casa donde se hacen prácticas ayurvédicas, Sheela, la propietaria es un encanto y aunque su inglés no es del todo bueno nos entendemos y desprende mucho amor; los tres coincidimos.
Nos quedamos en Verkala unas cuatro noches. Pasamos los días haciendo bien poco, Carme y yo estamos resfriadas y no tenemos mucha energía para ir a dar vueltas, así que pasamos gran parte del día en la recepción de la casa hablando con Sheela,  tomando chais, hablando de la vida etc. Sheela es una mujer interesante, de familia de tradición ayurvédica y lleva muchos años haciendo tratamientos;  nos gustaría aprender con ella. A pesar de su gran vivacidad descubrimos que Sheela está triste, su marido la dejó por una rusa hacía a penas ocho meses, pobre...
También conocemos a diversos miembros de la familia con los que charlamos al atardecer, tomando chai al lado de la tiendecita que vende de todo y no se muy bien cómo, acaban decidiendo que necesito un novio, y el elegido es un tal Philip del cual no tengo ni idea; nos meamos de la risa diciendo tonterías y yo les sigo el juego...
Los días posteriores nos animamos y vamos a la playa a ver la puesta de sol, miramos tiendecitas, nos damos el capricho de comer una pizza con beicon (aquí vamos a dieta vegetariana todos los días) y junto con Tom nos animamos a comprar los billetes de vuelta a casa; ahora ya hay fecha de vuelta.
Entre todas las charlas con unos y otros, pasamos gran parte del día en el chill out del Shiva Garden, conocemos a Sasha, un chico inglés que lleva diez años viajando con Amma ( la mujer india que da abrazos por todo el mundo) él se encarga de grabar todo lo que sucede en sus tours, y dudando días antes de si debíamos ir o no a visitar el Amma Ashram, eso fue una señal para acabar de decidirnos, así que el  martes dejamos Verkala para ir al Ashram y con un poco de suerte recibiríamos un abrazo de Amma, era su último día de abrazos antes de empezar su tour por india, australia....

martes, 24 de marzo de 2015

Negombo & Trivandrum

El trayecto va a durar unas 5 horas y media entre pitos y flautas. Salimos a las 11 de la mañana,  el tren llega media hora tarde. Ir en tren por Sri Lanka es un poco locura, se mueve tanto y hace tanto ruido que no consigo ni escuchar la música de mi mp3... Llegamos a Gambaha donde tenemos que coger un bus hasta Negombo; llevamos ya cuatro horas y media y todavía nos queda bastante.
El trayecto en bus pasa rápido, estamos cansadas y cogemos un tuk-tuk para llegar a la zona de las guesthouse en la playa, !  a veces da mucho palo buscar alojamiento! y terminamos en casa de un hombre muy majo que nos deja la habitación por 1000 rupias, a diferencia de los demás hoteles y hostales que piden mucho más.
Es zona turística, así que todo vale el doble, nosotras vamos a lo barato aunque el día antes de irnos nos pegamos un buen desayuno con un super pancake de piña (en un sitio famoso por esto mismo) y un buen café;), sólo de pensarlo...¡mmmm!
Lo mejor del día ha sido que sin saberlo, Tom y Carme han ido a parar a la misma casa donde estábamos nosotras alojadas; han visto mis zapatos en la puerta. Ha sido genial porque así no hemos tenido que buscarnos y, por la mañana ya hemos salido los cuatro con dos tuk-tuks directos al aeropuerto de Bandaranaike. A las cinco y media estábamos ya en pie y a las seis en el aeropuerto. Hemos desayunado galletas y té y hemos dejado a Monika allí acampada, su avión sale por la tarde mientras nosotros tres hemos ido haciendo todo el paripé hasta embarcar dirección aeropuerto de Trivandrum (India). El vuelo a penas dura una hora pero aún así nos han dado desayuno y ¡cómo hemos disfrutado! Al salir del avión hemos rellenado papeles y con bastante rapidez estábamos ya dentro de un tuk-tuk dirección ciudad. Hemos tenido que correr a tope porque los tuk tuks no pueden coger gente dentro del aeropuerto y de ese modo debes coger los taxis que hay fuera y que de paso te pegan el palo con el precio, pero nosotros hemos visto uno y así de ilegales el tuk tuk nos ha recogido mientras los taxistas lo gritaban a saco; too much.
Hemos cojido un taxi precioso, un coche antiguo muy auténtico y hemos ido a la estación de tren y de allí hemos cogido un tren dirección Verkala. De momento todo parece bastante normal, ¡hasta he visto basuras y gente limpiando la estación! Yo venía preparada para montañas de mierda a tutiplen, indios pesados y caos, pero parece que en el sur es diferente; Carme y Tom también están sorprendidos, dicen que el Norte no tiene nada que ver.

domingo, 22 de marzo de 2015

Habarana

Nos encontramos con Tom y Carme, ellos acaban de llegar a Habarana  mientras Monika y yo decidimos irnos el día después de su llegada para estar dos noches en Negombo antes de coger el avión que nos llevará a mi a India y a Monika a Eslovaquia.
Pasamos el día descubriendo la zona, nos han dicho que cerquita de donde estamos, cerca del lago,hay elefantes que utilizan para dar paseos a los turistas. Los encontramos al poco rato y allí están tan bonitos y extraños a la vez si los miras demasiado. Una de las cosas que más me ha sorprendido hasta ahora son precisamente los elefantes, nada que ver el verlos en su hábitat natural que verlos en un zoo, aunque me da pena que los aten con cadenas a un árbol y no los dejen bañarse a su aire en el lago...tengo un sentimiento contradictorio.
Cruzamos la zona de los elefantes y nos pasamos el día haciendo un tour por un resort grandioso montado alrededor del lago; hay gente que tiene mucho dinero.
Recorriendo la zona hemos topado con un jardín donde se cultivan verduras y frutas, todo de manera orgánica y ecológica, también hacen papel, tienen planta de compostaje etc. El chico del recinto nos cuenta como funciona todo y nos quedamos más tranquilos sabiendo que al menos una parte de la pasta que hace el hotel resort invierte en un proyecto interesante, teniendo en cuenta que reciclar no es algo que sea muy común en la isla. Hemos aprovechado el día y ahora toca hacer maletas, mañana nos vamos en tren a Negombo.

sábado, 21 de marzo de 2015

Anurandhapura

Día de suerte donde los haya. Hoy toca visitar (sin soltar ni una rupia en entradas) Anuradhapura. Esta vez nos queda lejos, como a unas dos horas en autobús desde Habarana pero nos da igual y emprendemos la marcha.
Llegamos a la ciudad, yo un poco mareada del viaje así que nos sentamos a desayunar un poco para coger fuerzas y antes de empezar con el tour ( debemos descubrir todavía cómo ir a la zona que nos interesa) buscamos la "post office"; tengo postales que enviar. Hace mucho calor, andamos unos veinte minutos por la ciudad y preguntando encontramos la oficina, entrego las postales, las marcan y nos vamos.
Nos toca coger tuk-tuk hasta el Mahavihara, así que regateamos y rápidamente estamos ya de camino. Siempre hacemos el mismo procedimiento al llegar a un sitio, así que cada vez lo hacemos con un poco más de rapidez. El truco para poder regatear, es saber de antemano cuantos kilómetros te separan más o menos de dónde estás a dónde quieres ir, así puedes hacer contra ofertas con conocimiento de causa.
Llegamos al Mahavihara donde se encuentra el Maha Bodhi, un árbol sagrado super antiguo y muy preciado por los debotos. El recinto es especial, no hay turistas y los sri lanqueses o sri lanqueños ( no tengo ni idea) han venido de domingueo a rezar, cantar y disfrutar de la energía y la paz del lugar. Ha sido entrar, descalzarme y ponerme debajo del árbol que me he puesto a llorar, así sin más;ha sido muy especial.
Hemos seguido los diferentes caminos, descalzas ¡cómo quema el suelo! Y hemos entrado en alguna que otra dagoba. Hacía mucho calor y nuestra idea era coger unas bicicletas pero no ha habido suerte así que buscando agua aparece un chico vendedor de estatuillas de Buda que sin más se ofrece a llevarnos de tour con su tuk-tuk, gratis, mientras el amigo le cuida la tienda;  aceptamos ¡por supuesto!
Nos vamos hacia el lago Tissa Wewa para ver los jardines , la Isurumuniya dagoba y pasearnos por allí. Vamos con el tuk-tuk arriba y abajo, almorzamos y seguimos la marcha hacia el norte, atajamos y nos plantamos en el royal palace, han pasado tres horas y hemos visto mucho, nos reímos con el compi de viaje (no recuerdo su nombre) es muy amable.
Es hora de volver a la estación de bus; le damos propina al chico por habernos tratado genial y por no pedirnos nada a cambio.
Volvemos a casa con el corazón un poco más grande.

lunes, 2 de marzo de 2015

Pidurangala Rock

No paramos ni un momento. Queremos aprovechar los últimos días en Sri Lanka. Nos queda una semana para disfrutar de la isla y estamos muy motivadas, así que con un buen dolor de culo por haber hecho ciclismo el día anterior, vamos a desayunar té y pancake de coco, cogemos el bus y en unos 35 minutos nos bajamos en Inamaluwa junction. Cada vez que bajas en un sitio te atacan los del tuk-tuk y todos a la vez te preguntan dónde vas, cómo te llamas, cómo estás...y esta vez no fue diferente. 
Teníamos que regatear el precio del tuk-tuk para que nos llevara a la roca de Sigiriya porque desde donde estábamos todavía quedaba un trecho, pero los precios que nos decían nos parecían un poco demasiado, así que preguntamos en las tiendecitas del cruce si era posible coger un bus cerca de la junction hasta la roca y ¡voilá! la parada estaba a unos escasos cien metros y sólo tuvimos que esperar diez minutos hasta que pasara; pagamos unas diez rupias.
Sigiriya es uno de los lugares turísticos por excelencia en la isla aunque su precio es bastante abusibo; unos veintidós euros más o menos y es por eso mismo que nosotras la pasamos de largo.
Nuestro destino era Pidurangala Rock, una roca a unos dos kilómetros de Sigiriya,  muchíssimo menos concurrida por los turistas, mucho más barata, y con unas vistas de la roca de Sigiriya preciosas.
Los alrededores hasta llegar a la roca son bonitos,  hay bastante vegetación y también un estanque con nenúfares. Nosotras hicimos el camino temprano por la mañana para que el sol del mediodía no nos matara; vimos gente a la una del mediodía subiendo a Sigiriya, una locura.
Monika y yo seguimos el camino marcado y encontramos la entrada para subir a la roca; tuvimos que pagar sólo 500 rupias, aunque bien podía ser gratis, de hecho para los locales lo es, pero creo que han sido las 500 rupias (unos 3 euros) más bien aprovechadas del viaje.
Al principio y antes de la subida hay un árbol que llaman de Buda, con un altar y un hombre muy majo nos enseñó que la forma que tienen las hojas del árbol es la misma que la forma de las dagobas, ¡e ahí la relación! También hay una pequeña cueva con pinturas muy antiguas y unos budas muy grandes adentro; fue muy interesante.
La subida fue genial, todo era sombra por la vegetación que había alrededor, el camino era bastante empinado y a trozos aparecían escaleras de piedra, todo bastante selvático.
Coincidió que era domingo y el camino estaba bastante concurrido, encontramos: los chicos y chicas de la escuela ( sí, a pesar de ser domingo), familias, abuelas...todo gente local y ¡casi todos descalzos! muy agradable, había sonrisas y risas todo el rato, unos subían, otros bajaban, a ratos no cabíamos por la estrechez del camino...
La primera parada fue para ver el Buda gigante reclinado y tallado en la piedra; no esperábamos encontrarlo allí, magestuoso.
Seguimos subiendo, esta vez ya solas, el camino ya no era camino y una tenía que escalar un poquito por las piedras, nada difícil pero sí se requería un poquito de maña. Al poco rato estábamos ya disfrutando de unas vistas increíbles de Sri Lanka, 360 grados de montaña, vegetación y lagos, una belleza. Monika y yo estábamos eufóricas de lo bonito que era. Creo que las dos volveríamos a subir sin pensarlo.
A la una del mediodía volvíamos, el sol pegaba fuerte, cogimos el bus y carretera y manta hasta Habarana, tarde de relax ( fuimos a hacernos un masaje ayurvédico que estuvo genial¡ el mejor de mi vida!) cena y a dormir.

Polonnaruwa

No pensábamos pagar todas las entradas a los recintos arqueológicos,  no por poco interés cultural, sino porque en Sri Lanka se pasan con los precios de los tickets si eres turista, así que decidimos pagar solamente la entrada cara a Polonnaruwa, unas 3250 rupias más la bicicleta para recorrer la zona. Como siempre llegamos en bus y desde allí muy cerquita fuimos a la oficina de los tickets, compramos y entramos al museo. Una vez salimos, empezó la parte divertida del día: operación bicicleta.
Voreamos el lago Topa Wewa dirección sur con el solazo pegando en nuestras cabezas para ver el Potgul Vihara o biblioteca y la estatua; se trata de una zona muy tranquila al estar alejada de la entrada. También nos encontramos a un hombre viejito que hacía flautas de madera a mano y otro que hacía bastones; todo un arte. El de las flautas me llevó a la tienda de su hijo y me invitó a té ya que estuve un buen rato hablando con él e interesándome por lo que hacía; era un viejito de postal.
Después del té, cogimos otra vez la bici para ir a la zona central donde se concentran la mayor parte de las ruinas y fuimos recorriendo el recinto poco a poco, bajando de la bici, echando fotos, tomando agua de coco, etc. El recinto es muy bonito, lleno de vegetación y con muchos monos. Después de unas dos horitas dando vueltas seguimos dirección norte para ver otro grupo de ruinas hasta llegar al Gal Vihara, un grupo de estatuas de Buddha talladas en la piedra de granito. Una vez en el Gal Vihara estábamos ya destrozadas, llevábamos 4 horas de tour a pleno sol y nos decidimos a volver, dejar las bicicletas, comer algo y coger el bus de vuelta a Habarana.