lunes, 2 de marzo de 2015

Pidurangala Rock

No paramos ni un momento. Queremos aprovechar los últimos días en Sri Lanka. Nos queda una semana para disfrutar de la isla y estamos muy motivadas, así que con un buen dolor de culo por haber hecho ciclismo el día anterior, vamos a desayunar té y pancake de coco, cogemos el bus y en unos 35 minutos nos bajamos en Inamaluwa junction. Cada vez que bajas en un sitio te atacan los del tuk-tuk y todos a la vez te preguntan dónde vas, cómo te llamas, cómo estás...y esta vez no fue diferente. 
Teníamos que regatear el precio del tuk-tuk para que nos llevara a la roca de Sigiriya porque desde donde estábamos todavía quedaba un trecho, pero los precios que nos decían nos parecían un poco demasiado, así que preguntamos en las tiendecitas del cruce si era posible coger un bus cerca de la junction hasta la roca y ¡voilá! la parada estaba a unos escasos cien metros y sólo tuvimos que esperar diez minutos hasta que pasara; pagamos unas diez rupias.
Sigiriya es uno de los lugares turísticos por excelencia en la isla aunque su precio es bastante abusibo; unos veintidós euros más o menos y es por eso mismo que nosotras la pasamos de largo.
Nuestro destino era Pidurangala Rock, una roca a unos dos kilómetros de Sigiriya,  muchíssimo menos concurrida por los turistas, mucho más barata, y con unas vistas de la roca de Sigiriya preciosas.
Los alrededores hasta llegar a la roca son bonitos,  hay bastante vegetación y también un estanque con nenúfares. Nosotras hicimos el camino temprano por la mañana para que el sol del mediodía no nos matara; vimos gente a la una del mediodía subiendo a Sigiriya, una locura.
Monika y yo seguimos el camino marcado y encontramos la entrada para subir a la roca; tuvimos que pagar sólo 500 rupias, aunque bien podía ser gratis, de hecho para los locales lo es, pero creo que han sido las 500 rupias (unos 3 euros) más bien aprovechadas del viaje.
Al principio y antes de la subida hay un árbol que llaman de Buda, con un altar y un hombre muy majo nos enseñó que la forma que tienen las hojas del árbol es la misma que la forma de las dagobas, ¡e ahí la relación! También hay una pequeña cueva con pinturas muy antiguas y unos budas muy grandes adentro; fue muy interesante.
La subida fue genial, todo era sombra por la vegetación que había alrededor, el camino era bastante empinado y a trozos aparecían escaleras de piedra, todo bastante selvático.
Coincidió que era domingo y el camino estaba bastante concurrido, encontramos: los chicos y chicas de la escuela ( sí, a pesar de ser domingo), familias, abuelas...todo gente local y ¡casi todos descalzos! muy agradable, había sonrisas y risas todo el rato, unos subían, otros bajaban, a ratos no cabíamos por la estrechez del camino...
La primera parada fue para ver el Buda gigante reclinado y tallado en la piedra; no esperábamos encontrarlo allí, magestuoso.
Seguimos subiendo, esta vez ya solas, el camino ya no era camino y una tenía que escalar un poquito por las piedras, nada difícil pero sí se requería un poquito de maña. Al poco rato estábamos ya disfrutando de unas vistas increíbles de Sri Lanka, 360 grados de montaña, vegetación y lagos, una belleza. Monika y yo estábamos eufóricas de lo bonito que era. Creo que las dos volveríamos a subir sin pensarlo.
A la una del mediodía volvíamos, el sol pegaba fuerte, cogimos el bus y carretera y manta hasta Habarana, tarde de relax ( fuimos a hacernos un masaje ayurvédico que estuvo genial¡ el mejor de mi vida!) cena y a dormir.

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