Capítulo
1:
Cuando viajo me sorprenden dos cosas:
1ª: la incertidumbre que te rodea antes
de empezar el viaje y en definitiva, el pequeño miedo que experimenta tu cuerpo
a lo desconocido.
2ª: la desaparición de dicho miedo
cuando por alguna razón o por simple casualidad, aparecen en tu camino esas
personas que hacen la función de guías en el inicio de tu aventura y que sin
compensación alguna, deciden ayudarte. O bien llevas escrito en la frente, sin
tu saberlo, un simple help me o la
cara de desorientado de tu rostro debe ser brutal…
Así que para mí esas personitas fueron:
Agata, una chica polaca igual de perdida que yo, pero con otros planes, y
Evaristo un estudiante de violoncello español, residente en Lübeck.
Agata y yo nos hicimos compañía mientras
charlábamos sobre cosas varias y Evaristo fue nuestro o mejor dicho mi personal translator, cuando me di cuenta
que el tren que me tenía que llevar a mi destino justamente se había averiado y
había que buscar una alternativa. Yo ya había quedado a una hora concreta para
que me pasaran a buscar y sin duda no podía faltar, a todo eso se sumó que mi
compañía de móvil por el momento no pretendía darme cobertura y
consecuentemente no podía llamar para avisar que iba a llegar tarde…así que Evaristo
se esperó conmigo y habló con el personal de información y al fin aclaramos el
asunto; fue muy amable por su parte y realmente creo que el favor fue mutuo: él,
seguro estaba encantado de poder conversar con una española y yo encantada con
su ayuda.
Ágata se fue rumbo a Hamburg a encontrarse con su primo y
después según me contó, tenía que llegar otra vez a Polonia pero no le quedaba
dinero, así que haría autoestop; me confesó que nunca lo había hecho pero que
se sentía con fuerza para intentarlo, simplemente porque debía llegar a casa.
Espero que su primo le prestara algo de dinero y si no fue así, que su experiencia
fuera gratificante, al fin y al cabo Alemania y Polonia no están tan lejos.
Por mi parte, me monté en el tren y con
un buen paquete de noodles chinos me
dirigí rumbo a Lüneburg. Gracias a la
puntualidad y a la exactitud alemana no me equivoqué de parada y un señor muy
amable al ver que iba cargada como una burra y bastante desorganizada, me ayudo
a ponerme la chaqueta; yo me quedé atónita! Me sentí muy señorita y por
supuesto con mi acento español-alemán le susurré un amistoso: Dankeschön ( gracias)
Del tren, pasé al autobús y unos 50
minutos después estaba cerca de Hitzacker.
Intenté hablar con el conductor para que me dejara cerca de la parada de tren y
no sé cómo, porque él no hablaba inglés, aún así nos entendimos y muy amable me
indicó, eso sí, antes de bajar, una señora alemana a la cual ya había observado
por su gracia natural al moverse, me miró a los ojos, me cogió la mano, y me
dijo algo así como que tuviera mucha suerte! Me estremecí un poco pero me bendijo
la estancia, de eso estoy segura! Ella igual que yo se había fijado en mí y
quiso por simple amor dedicarme unas palabras.
Después ya todo ocurrió con normalidad:
esperé, vinieron a buscarme y llegué a Rundlingsdorf
Sagasfeld. Una vez en el recinto fui presentada al personal con mucha
amabilidad y con un apretón de manos a cada uno, aquí el tema de los dos besos
no se estila.
Aunque ahora haga un pequeño flashback en el tiempo, porque esto
ocurrió mi primer día y ahora ya llevo un poco más de una semana aquí, la
doctora en Ayurveda llamada “Varsha” me ha dicho hoy una cosa que evidentemente
me ha hecho reflexionar y que creo que se adapta perfectamente a lo sucedido:
“Si en tu
corazón hay amor, eso se extiende hacia fuera para/con los demás, así los otros
al percibir y recibir tu amor también dan amor, de esta manera puedes ir a todos
los lugares del mundo, puedes vivir sin miedo alguno, este es el secreto de la
vida.”