Una taza de
té con aroma a regaliz.
Vierto el agua hirviendo en la pequeña taza blanca.
Fuera llovizna y el cielo está cubierto de un gris multicolor con tendencia a
oscuro. Desde la ventana del altillo vislumbro un verde lleno de vida. El
silencio perenne acompaña la estampa y abro mi libro que casualmente me narra
un Japón delicado y minucioso y comparto por un momento a kilómetros de
distancia un pequeño preámbulo del milenario ritual del té.
Baja Sajonia
(Alemania) 11 de Septiembre de 2012.
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