sábado, 15 de septiembre de 2012

Experiencia Workaway


Capítulo 1:

Cuando viajo me sorprenden dos cosas:

1ª: la incertidumbre que te rodea antes de empezar el viaje y en definitiva, el pequeño miedo que experimenta tu cuerpo a lo desconocido.

2ª: la desaparición de dicho miedo cuando por alguna razón o por simple casualidad, aparecen en tu camino esas personas que hacen la función de guías en el inicio de tu aventura y que sin compensación alguna, deciden ayudarte. O bien llevas escrito en la frente, sin tu saberlo, un simple help me o la cara de desorientado de tu rostro debe ser brutal…

Así que para mí esas personitas fueron: Agata, una chica polaca igual de perdida que yo, pero con otros planes, y Evaristo un estudiante de violoncello español, residente en Lübeck.
Agata y yo nos hicimos compañía mientras charlábamos sobre cosas varias y Evaristo fue nuestro o mejor dicho mi personal translator, cuando me di cuenta que el tren que me tenía que llevar a mi destino justamente se había averiado y había que buscar una alternativa. Yo ya había quedado a una hora concreta para que me pasaran a buscar y sin duda no podía faltar, a todo eso se sumó que mi compañía de móvil por el momento no pretendía darme cobertura y consecuentemente no podía llamar para avisar que iba a llegar tarde…así que Evaristo se esperó conmigo y habló con el personal de información y al fin aclaramos el asunto; fue muy amable por su parte y realmente creo que el favor fue mutuo: él, seguro estaba encantado de poder conversar con una española y yo encantada con su ayuda.
Ágata se fue rumbo a Hamburg a encontrarse con su primo y después según me contó, tenía que llegar otra vez a Polonia pero no le quedaba dinero, así que haría autoestop; me confesó que nunca lo había hecho pero que se sentía con fuerza para intentarlo, simplemente porque debía llegar a casa. Espero que su primo le prestara algo de dinero y si no fue así, que su experiencia fuera gratificante, al fin y al cabo Alemania y Polonia no están tan lejos.
Por mi parte, me monté en el tren y con un buen paquete de noodles chinos me dirigí rumbo a Lüneburg. Gracias a la puntualidad y a la exactitud alemana no me equivoqué de parada y un señor muy amable al ver que iba cargada como una burra y bastante desorganizada, me ayudo a ponerme la chaqueta; yo me quedé atónita! Me sentí muy señorita y por supuesto con mi acento español-alemán le susurré un amistoso: Dankeschön ( gracias)
Del tren, pasé al autobús y unos 50 minutos después estaba cerca de Hitzacker. Intenté hablar con el conductor para que me dejara cerca de la parada de tren y no sé cómo, porque él no hablaba inglés, aún así nos entendimos y muy amable me indicó, eso sí, antes de bajar, una señora alemana a la cual ya había observado por su gracia natural al moverse, me miró a los ojos, me cogió la mano, y me dijo algo así como que tuviera mucha suerte! Me estremecí un poco pero me bendijo la estancia, de eso estoy segura! Ella igual que yo se había fijado en mí y quiso por simple amor dedicarme unas palabras.
Después ya todo ocurrió con normalidad: esperé, vinieron a buscarme y llegué a Rundlingsdorf Sagasfeld. Una vez en el recinto fui presentada al personal con mucha amabilidad y con un apretón de manos a cada uno, aquí el tema de los dos besos no se estila.
Aunque ahora haga un pequeño flashback en el tiempo, porque esto ocurrió mi primer día y ahora ya llevo un poco más de una semana aquí, la doctora en Ayurveda llamada “Varsha” me ha dicho hoy una cosa que evidentemente me ha hecho reflexionar y que creo que se adapta perfectamente a lo sucedido:

“Si en tu corazón hay amor, eso se extiende hacia fuera para/con los demás, así los otros al percibir y recibir tu amor también dan amor, de esta manera puedes ir a todos los lugares del mundo, puedes vivir sin miedo alguno, este es el secreto de la vida.”

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