El sábado cambié mi lugar de trabajo en Sagasfeld para, durante una noche,
ayudar en otro hotel también propiedad del mismo jefe. Olaf cada año, des de
hace 10 años más o menos, celebra una fiesta: la “abba-zappa” dedicada exclusivamente a música de los 70,80 y 90.
El jefe vino a buscarme y me llevó hasta
su hotel. Mi trabajo consistía en hacer de camarera, y antes de empezar mi
turno de trabajo tuve repasar la carta de cervezas, entre otras bebidas … Suerte
que mi compañero de trabajo era Marco, el cocinero que una vez por semana viene
a trabajar a Sagasfeld y él no se
estresa tanto como yo.
La fiesta empezó a las diez de la noche
y se alargó hasta las cinco y media de la mañana: ¡los alemanes beben, y mucho!
La noche empezó tranquila y después se
fue animando, y yo me fui espabilando cada vez un poco más, hasta que controlé
el tema. Al final era divertido, porque los clientes iban cada vez más
borrachos y con ello cada vez más comprensivos.
La técnica fue sencilla: si no entendía
algo, les decía que me lo señalaran en el papel o les explicaba que no era
alemana y que vivía cerca de Barcelona y bla bla bla y entonces todo iba bien,
una sonrisa para finalizar y voilá!!
La verdad es que me divertí trabajando,
aunque al día siguiente estaba cansadísima.
Me levanté a la una de la mañana y sólo
levantarme, una de las camareras, muy amable, me trajo directamente la comida:
gulasch de patata y pollo, o algo así… estaba riquísimo aunque recién
levantada…jajajja
Ps: el mes pasado trabajé en la misma
fiesta, así que mientras la primera vez estaba cagadita de miedo, esta vez iba
mucho más tranquila.
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