Viernes trece, Monika y yo nos movemos otra vez hacia el centro de la isla para hacer un poco de visita de las ciudades antiguas, Carme y Tom vendrán más tarde, Tom debe descansar debido a su pie.
Nos dirigimos en tuk-tuk a la estación de bus de Tricomalee y de allí cogemos un bus que en unas dos horitas y poco nos deja en Habarana, pueblo estratégico para movernos. Sólo bajarnos del autobús ya nos aparece un pesado al que acabaremos gritando después porqué no entiende que no queremos hablar con él y que no tiene que esperarnos ni perseguirnos.
Encontramos alojamiento rápido, aunque tuvimos que estar un buen rato hablando con el chico que entendía poco inglés y que más tarde también sería un poco pesado; uno de los días nos despertó llamando a la puerta a las 7 de la mañana para preguntarnos nose qué; Monika se encargó de que no lo volviera a hacer.
En Habarana nos a costado un poco que nos bajaran el precio de todo. Resulta que es un pueblo de paso en el que la gente se queda un día o dos sólo para hacer un safari y los turistas pagan lo que les dicen, aunque los estén engañando; empezar pagando 60 rupias por algo y en el transcurso de los días pagar sólo 30, y así con todo, a todas horas regateo, un poco cansado.
Por la tarde de nuestra llegada nos decidimos ir un poco a toda prisa a Dambulla para visitar las cuevas con las pinturas budistas y los budas reclinados pero fuimos muy despistadas y pensando que podríamos pagar la entrada arriba ( hay que subir muchas escaleras) nos quedamos con las ganas; las entradas se compran a bajo y no dándonos tiempo de bajar y subir otra vez, nos conformamos con disfrutar de las vistas y de los monitos de alrededor.
Se puede visitar, sin pagar, el templo con el buda gigante dorado, muy impresionante por sus dimensiones.
Cenamos super barato y bueníssimo en Dambulla y después de esperar un ratito para el bus de vuelta, llegamos a casa preparadas para el sueño y para la excursión del día siguiente a Polonnaruwa.
Simplemente porque muchas veces los límites no son tan claros como pretendemos. En este caso la palabra hace referencia a una figura literaria que difumina las fronteras de significado entre dos conceptos aparentemente contradictorios para dar paso a un nuevo significado. Podríamos aplicar el oxímoron a las fronteras geográficas del planeta y que surgiera así algo mucho más poético y no tan belicoso.
sábado, 21 de febrero de 2015
Habarana & Dambulla
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Mira que ets bonica...
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