jueves, 16 de abril de 2015

Kattapana

Hacemos el check out temprano por la mañana, dejamos el ashram para dirigirnos en tuk tuk a la estación de tren dirección Kottayam para después coger un bus durante cuatro horas hasta Kattapana donde nos espera Frank, amigo de Tom.
Los trenes en india están muy bien, me gustan ( el baño es otro tema, aunque podría ser mucho peor). Además, todo el rato pasan vendedores ambulantes ofreciéndote todo tipo de cosas: chai, café, palomitas, patatas, bebidas varias,  banana frita, a la que estoy un poco enganchada, y curiosamente he descubierto unas "galletas" echas de lentejas que se llaman purris y que por alguna razón hoy las encuentro excesivamente buenas...total que paso el trayecto entre purris y chai. Se está de lujo en el tren y el tiempo pasa rápido: mirando el paisaje, echando una cabezadita, escuchándo música, charlando...
Una de las cosas que me sorprenden de india es que a pesar del caos que parece reinar en el ambiente, existe un orden innerente que, por ejemplo, aunque no tengas ni idea de que bus coger y haya mucho lío, acabas en el sitio adecuado, ¿cómo? ni idea.
El paisaje es precioso, nos dirigimos a la montaña y empezamos a dejar atrás el calor. Pasa el viento por las ventanas abiertas del bus, ganamos altura y la conducción, aunque podría ser un peligro, se mantiene estable y no tenemos miedo ( a veces hay conducción suicida, por eso lo digo).
Llegamos por la tarde a Kattapana y esperamos a Frank aparecer por la estación de buses. Frank es un hombre holandés, casado con una mujer india, Suda. Tom y Frank se conocen de hace tiempo, trabajan en verano en los festivales. Ahora él y su mujer están de vacaciones y nosotros pasaremos unos días en casa de la familia de Suda.
Aparece Frank, no hay duda de que es él, grandote y pelo rizado rubio, vamos, que entre tanto indio canta como la almeja.
Vamos a comprar verduras para tener provisiones para unos días. Resulta que la familia de Suda vive un poco más arriba, así que para llegar debemos coger un jeep ;no se puede bajar y subir cada día porque saldría muy caro.
Los días que vamos a pasar con Frank, Suda y familia van a ser muy bonitos, y estamos eternamente agradecidos.
Llegamos a casa, nos están esperando los abuelos, el hermano de Suda de nombre Sanjún, Suda y una de las hermanas que pasará con nosotros la semana entera cocinando para nosotros junto con la abuelita ( fue imposible convencerlas para que nos dejaran hacer algo...). Nos presentamos y parecen todos muy felices de tenernos en casa, sobretodo la abuelita que nos abraza y besa.
Creo que en estos días hemos aumentado de peso, la comida que nos preparan está deliciosa y por suerte nuestra, probamos platos típicos y dulces. Para compensar la comilona ayudamos a Sanjún en la plantación de cardamomo, cortando las ramas viejas, quitando hojas y recolectando de la flor, el cardamomo. Es un cardamomo de mucha calidad y con un sabor estupendo; vamos a dejarlo secar al sol para llevarnos un poco a casa.
Pasamos los días así, charlando con la familia,  ayudando en el campo y jugando con los niños; han venido a vernos los hijos de las hermanas, un encanto.
Descubrimos un poco la zona y Suda nos enseña desde lo alto de la roca, donde queda su antiguo colegio, donde solían jugar de pequeños y nos explica un poco su vida, ya que al estar con un holandés es algo un poco extraño en lo que vendría a ser la cultura india. Suda es un personaje muy gracioso y especial, mujer rebelde, inconformista con las reglas de la sociedad india; me reí mucho con ella.
Y como toca en cada viaje, es hora de partir y se hace un poco difícil; lloramos todos. Hemos pasado unos días muy intensos y para ellos, nosotros, hemos sido un toque de aire fresco en su día a día.
Nos acompañan Sanjún y la hermana al jeep que nos lleva a Tom, Carme, Suda, Frank y a mi a coger el bus, nosotros dirección Munnar y Suda y Frank a pasar el fin de semana en un backwater.

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